jueves, 10 de enero de 2008

Artículo de Enero para Area Besós ¡QUE LOS BUENOS PROPÓSITOS NO TE MATEN!

En medio de la resaca post-navideña, recién estrenado el nuevo año y con el ánimo henchido de buenos propósitos, Enero nos invita a expiar nuestras culpas de los excesos de las pasadas fiestas y a empezar una página nueva con el cuerpo limpio. Sin embargo, si decidimos hacer una cura depurativa, es necesario llevar este proceso con sensatez y tener en cuenta una serie de cuestiones:

Par empezar, a pesar de que los días empiezan a ser más largos, y las tardes más soleadas, el frío todavía nos acompaña y lo va a hacer probablemente durante varias semanas, por lo que aquellos audaces dispuestos a todo (o aquellos muy arrepentidos) deben refrenar sus impulsos y evitar ayunos y dietas extremas, puesto que este tipo de depuraciones intensas suponen un gasto de energía al organismo, y éste necesita de dicha energía durante el invierno para protegerse del frío. Por ello, es mucho más aconsejable darle un lavado gentil al cuerpo, adoptar hábitos alimenticios austeros pero sostenibles, y dejar salir gradualmente el cúmulo de toxinas en que se han convertido aquellos deliciosos turrones, licores, y ciertos chorreantes platos salidos del horno.

Por otro lado, aunque es del saber común que el agua todo lo limpia y arrastra consigo la suciedad, un exceso de agua fría, sobretodo en esta estación, puede provocarnos problemas digestivos y enfriar el cuerpo hacia un resfriado. Además, aunque el agua es indispensable para el buen funcionamiento del riñón, en un cuerpo encharcado por la retención de líquidos, forzar la ingesta de agua fría puede ser contraproducente. Es preferible, a la vez que bebemos cierta cantidad de agua a temperatura ambiente, confortarnos con tisanas, que no sólo aportan agua y calor, sino también las propiedades de las plantas que van dentro. Entre las hierbas medicinales más comúnmente usadas para procesos depurativos encontramos el Diente de León, que apoya al hígado y al riñón y nos aporta potasio, la Cola de Caballo, diurético por excelencia y también ahorrador de potasio, el Cardo Mariano, el Boldo y la Alcalchofera, por mencionar algunas.

Además de cambiar el cava por las infusiones, también nos conviene (y probablemente nos apetece) darle un descanso a nuestro distendido estómago y alimentarnos de productos menos grasos, con más fibra y que nos ayuden también a depurar. Nuestras grandes aliadas en la cocina siempre han sido y serán las frutas y hortalizas, ya que aportan agua, fibra, y un sinfín de vitaminas y minerales. Aquellos que vean este grupo de alimentos como una tortura culinaria deberían echar mano a la imaginación y aventurarse a probar cosas nuevas. Efectivamente, comer verdura no significa necesariamente aburrirse ante un plato de judía verde con patatas. Los espárragos trigueros con champiñones, ajo y perejil a la plancha hacen un plato de lo más suculento, digno de un menú de casa rural de tres estrellas, así como las alcachofas al horno (con poco aceite), los calçots (cuidado con la salsa rumescu), o la escalibada, y todos estos son alimentos con alto poder depurativo (diurético y/o laxante), cuando no se comen fritos. Por no hablar de la piña, que como desayuno o tentempié nos endulza naturalmente, y nos facilita la digestión. Aquellos para quienes la mera mención de nuestros amigos los verdes produce náuseas, siempre pueden recurrir a las curas con arroz integral hervido (otro potente aliado), bastante más aburrido, pero más parecido a una paella.

Por último, pero no menos importante, es inevitable hablar del ejercicio físico. El ser humano se nutre de agua, comida y aire, y aunque éste último todavía está disponible de forma más o menos respirable en la biosfera, y lo inhalamos automáticamente, sólo nos beneficiamos óptimamente de él cuando hacemos ejercicio, ya que se expanden nuestros pulmones. Además, con el ejercicio se queman grasas, por supuesto, no os creáis las teorías que corren por ahí diciendo lo contrario. Por ello, vale la pena aprovechar la determinación propia de Enero, y apuntarse (y además ir) al gimnasio. O coger la bici. O estrenar la Wii que nos han traído los reyes. O lanzarse con la batuca. Lo que sea, pero el ejercicio es esencial para hacer limpio. Ahora bien, con calma; a un cuerpo no acostumbrado al ejercicio le puede dar un buen arrechuche después de una sesión desmesurada de spining, y quitársele las ganas para siempre de acercarse a ningún sitio donde haya que calzar bambas. Sobretodo en invierno que, como hemos dicho, el cuerpo se recoge y necesita la energía para mantenerse caliente, a pesar de los aires acondicionados. Así pues, este es un momento idóneo para empezar a coger el hábito, o consolidarlo, de ejercitarse regularmente, e irlo incrementando para llegar al verano a “tutiplén”.

Sólo queda recordar que un buen naturópata puede aconsejarnos sobre la mejor manera de llevar a cabo una cura de desintoxicación personalizada, y que consumir diuréticos, laxantes y pastillas adelgazantes indiscriminadamente, así como someterse a dietas rápidas y estandarizadas no es muy aconsejable, aunque se trate siempre de productos y alimentos naturales, ya que lo natural no es necesariamente inocuo, sobretodo si no se usa correctamente.

Pero los consejos arriba mencionados pueden ayudarnos a fomentar un nuevo YO para el nuevo año, más limpio, más sano, más fuerte y con mejor aspecto... al menos hasta las próximas Navidades. Ánimo, que tenemos 12 meses para conseguirlo.