miércoles, 26 de noviembre de 2008

EL CAMINO DEL MAR AZUL

El Camino del Mar Azul, es la traducción literal de “Azamara Journey”, siendo “Azamara” una palabra compuesta por “Aza”, azul, y “mara”, mar en griego, y “Journey” la palabra inglesa que indica un camino, un trayecto, un viaje. Así que me encuentro en este viaje a través de un mar azul donde el espacio y el tiempo son muy relativos, esgrimiendo mis agujas de acupuntura al ritmo de las olas, que están bastante bravas últimamente, por cierto.

Efectivamente, aquí la vida no se cuenta por semanas ni meses sino por cruceros. Hasta ahora han sido cruceros de 10, 11 o 12 días, pero el próximo, en que cruzaremos el Atlántico, es de 2 semanas, una de las cuales la pasaremos en el mar, sin tierra a la vista. En cada crucero sube un número de gente y se bajan al final del crucero, donde vuelve a subir otro grupo. Así, para nosotros no hay miércoles ni domingos, sino “embarcation days”, “sea days” o “port days”.

El más temible y a la vez emocionante es el embarcation day, en que suben nuestros nuevos huéspedes y hay que recibirlos y convencerlos de que contraten nuestros servicios en el Spa. Para algunos de los servicios que ofrecemos, como la Acupuntura, usamos un “modelo”, un miembro del personal del barco que no trabaje ese día, el cual recibe el servicio a puertas abiertas, para que los huéspedes vean lo que hacemos. Así, en el último embarcation day tuve a Alex, un músico ruso que estuvo 2 horas estirado pacientemente en la camilla, todo repleto de agujas primero en la espalda, con la lámpara de calor, luego boca arriba, con la electro, y finalmente en la oreja. El pobre salió desorientado de la consulta. En este día, intento hablar con el máximo número de huéspedes, les invito a una consulta gratuita para el diagnóstico por el pulso y la lengua, y así es como consigo citas para los primeros días.

En los “sea days” o días en que no paramos en puerto sino que navegamos, como todos los huéspedes están a bordo, doy seminarios sobre Medicina Tradicional China. Normalmente son dos por día, uno por la mañana y otro por la tarde. El primero siempre es introductorio, y los otros son sobre Acupuntura y Artritis, Acupuntura y dolor de espalda, y Aurículopuntura y Hierbas Chinas. Son gratuitos, pero la idea es convencerles de las maravillas de la Acupuntura y de las Hierbas, para que reserven cita o compren el producto. Así es como consigo trabajo para el resto del crucero. Si el sea day no es hasta la mitad del crucero, unos días antes pongo una paradita en un lugar de paso, entre las tiendas y el restaurante principal, invitando al diagnóstico gratuito de pulso y lengua, a ver si rasco algo más. También hemos estado haciendo mercadillo, en que todos los negocios del barco ofrecen algo a 10$. Yo ofrezco sesiones de 10 minutos de aurículopuntura, en que les pongo las semillas en la oreja. Es una ganga, considerando que una visita de 1 hora de acupuntura cuesta 150$ aquí en el barco. Pero en este sistema capitalista extremo hay que hacer lo que sea para conseguir clientes, ya que cobro exclusivamente comisión y propina, no tengo sueldo base, por lo que dependo directamente de mi capacidad para atraer clientes, ya que además, la publicidad en este barco, está bastante limitada. Además, me dan un objetivo o “target” de dinero que tengo que hacer cada crucero, por lo que no sólo tengo la presión de que si no trabajo no cobro, sino que me presionan desde Miami ya que si yo no produzco, ellos no ganan.

Los “port days” es cuando tengo la oportunidad de salir y desconectar un poco, visitar lugares bonitos y pisar tierra. Aunque siempre tenemos que estar de vuelta al barco sobre las 5 o 6, depende el día, a veces antes, a veces más tarde, ya que navegamos cada noche. De vez en cuando el barco para una noche entera en algún puerto, pero desde que estoy aquí, esto sólo ha sucedido el mismo día que llegué, en Venecia, y estaba tan cansada y jet-lag esa noche, que ni bajé a ver la ciudad. Y creo que no va a volver a suceder en todo el tiempo que voy a estar aquí.

Por contrato, tengo que trabajar 52 horas por semana, con un día y medio libres, lo cual parece mucho pero en realidad es privilegiado si lo comparamos con las 72 horas que trabajan las chicas del Spa, con tan sólo un día libre. Además, teniendo en cuenta que de mi camarote a mi consulta sólo hay 6 pisos en ascensor, que no tengo que cocinar, ni limpiar, ni hacerme la cama, y que para socializar tampoco tengo que desplazarme (el bar del personal está un piso por debajo de mi habitación), la verdad es que la vida es bastante más sencilla aquí que en tierra, y las 52 horas no parecen tantas. Como decía, aquí el espacio y el tiempo son bien relativos.

Y esta es mi rutina, a la que, después de un mes y medio, parece que me he acostumbrado. De hecho, estoy tan metida en ella que cuando vuelva a vivir en tierra me va a parecer una frivolidad el tener un fin de semana libre.