martes, 17 de febrero de 2009

LOS BUENOS MOMENTOS

Por aquello de la ley de la atracción que tanto proclama la física cuántica últimamente, me dispongo a plasmar e inmortalizar, con el fin de que crezcan y se reproduzcan, los buenos momentos.

Desde aquel primer seminario en que un cliente, espontáneamente, testimonió ante la audiencia la milagrosa desaparición de su dolor de espalda tras una sesión de acupuntura conmigo, son ya bastantes las pequeñas glorias que atesoro en mi colección de terapeuta.

Para empezar, está siendo fascinante presenciar el interés generalizado por la Acupuntura en un contexto y público no necesariamente propicios. La media de edad de mi clientela es de 65 - 70 años, la mayoría no ha oído nunca hablar de Yin y Yang, Tao o meridianos y no están familiarizados con el concepto de “terapia energética”, “tratamiento holístico” ni nada parecido. Han atendido su salud toda la vida con métodos convencionales y, generalmente, su médico de cabecera es ya amigo de la familia y lo que él dice, va a misa. Sin embargo, me miran con los ojos muy abiertos en los seminarios, y muchos están dispuestos a probar. Esto reafirma mi confianza en las posibilidades de la medicina tradicional china ante cualquier público, hecho que había subestimado antes de venir a trabajar a este barco. Una anécdota que ilustra este hecho, que para mí es más que una anécdota, sucedió hace dos cruceros en que “convertí” en creyentes de la Acupuntura a tres escépticos: una señora a quien liberé de su mareo del barco, un coupier de casino a quien traté su codo de tenista, y un médico que vino arrastrado por su mujer (la cual hizo migas conmigo por ser argentina y por llamarse Anna, como yo), cuyo dolor de rodilla alivié en una sola sesión. Este último constituye una de mis mayores hazañas aquí en el Journey, pues si puedo probar la eficacia de la Acupuntura a un médico escéptico, puedo probárselo a cualquiera.

También se han abierto mis ojos y mi mente a las diversas posibilidades de esta terapia en cuanto a condiciones que no hubiese considerado antes. Mi experiencia anterior al Journey se había limitado al tratamiento del dolor, estrés y fatiga, problemas digestivos, y tratamientos anticelulíticos. Fuera de aquí, no se me hubiese ocurrido nunca recomendar un tratamiento de acupuntura a alguien con fibromialgia, por ejemplo, que implica bajo umbral del dolor, sino oligoterapia, fitoterapia, reflexología o cualquier otra terapéutica más gentil. Sin embargo, aquí no tengo más herramientas que mis agujas para tratar los casos que me llegan y, para mi sorpresa, ya son dos personas con esta última condición a quienes he tratado con sorprendentes resultados, siendo una de ellas una enfermera que había probado “de todo” y nada le había funcionado como le funcionó la acupuntura. Las dos dejaron testimonio escrito de su significativa mejoría después de tres sesiones en mi consulta.

Otros pacientes han dejado también constancia escrita de su positiva experiencia con mis tratamientos en el “testimonial folder” que tengo en la recepción de la clínica. Esto no es iniciativa mía sino requisito de la empresa, como medio de publicidad. Y la verdad es que, aunque parezca una palmadita en la espalda a mi misma, tiene su función. De todos los comentarios registrados en este libro, mi joya, sin duda, es el de una señora china que vino el último día de un crucero, inicialmente interesada en las cápsulas de fitoterapia (hierbas) china que vendemos y acabó contratando una sesión. De hecho el comentario me lo hizo verbalmente y me dio permiso para escribirlo en el libro. Está en inglés pero traducido sería algo así: “Creo que has aprendido el arte de la acupuntura muy bien. Eres muy profesional y puedes llegar muy lejos con la Acupuntura si sigues como hasta ahora. ¿Cómo puedo saber, si vuelvo de vacaciones a un crucero, en cuál estás tu?” Recuerdo vivamente que mientras me hablaba, sentí como se me erizaban los cabellos de la nuca y se me calentaban las mejillas. Esta mujer tenía 10 años de experiencia con esta terapia, de hecho se curó de fibromialgia (de nuevo) gracias a una acupuntora china en los Estados Unidos.

Pero teniendo en cuenta que los hechos valen más que las palabras, la mejor prueba de que un cliente se ha beneficiado del tratamiento de acupuntura, es que repita. Siempre intento vender paquetes de tres o cinco sesiones desde el principio, ya que una sesión sola no tiene mucho sentido y los paquetes tienen descuento. Pero siempre hay quien quiere probar primero una vez y decidir más tarde si quiere volver. Por supuesto, hay un porcentaje de clientes que vienen, reciben una sesión, y la experiencia les parece suficiente tanto si han mejorado (porque consideran que ya no necesitan más) como si no (porque consideran que no funciona para ellos). No importa que les explique que para que el alivio dure y resolver el problema de fondo se necesita más de una sesión, o que les asegure que para ver resultados una vez no es suficiente. Pero también hay un número de personas que tras una sesión de “Acusage”, por ejemplo (paquete que incluye una sesión de masaje más una de acupuntura) deciden repetir Acupuntura sola. O que al terminar su paquete de tres sesiones deciden contratar dos más. Tuve una pareja de clientes, en el crucero de Navidad, que no vinieron ni tres ni cinco sino ocho veces cada uno en un periodo de dieciséis días. La mujer volvió a su casa transformada, y el hombre se fue liberando de achaques que le iban surgiendo a lo largo de las vacaciones. Y todo por el “módico” precio de 900 dólares por cabeza más el 18% de propina obligatoria.

Sin embargo, siempre he dicho que el mayor reto para cualquier terapeuta es curarse a sí mismo, y efectivamente, mi más brillante éxito terapéutico lo he vivido en mis propias carnes. Determinada a combatir mis náuseas marinas y poder disfrutar del resto de mi tiempo en las caprichosas aguas caribeñas, atlánticas o mediterráneas, eché mano de todos los recursos alternativos a mi alcance y parece que la combinación de homeopatía (Nux Vómica 5ch), aurículopuntura, aromaterapia (Traveler roll-on de Arkopharma), brazaletes para el mareo y oraciones a Neptuno, ha funcionado: mi sentido del equilibrio ha aprendido a surcar las olas sin que mi estómago se rebele.

Todos estos testimonios y logros no son simple alimento para mi ego profesional, sino que reafirman mi pasión y mi convicción en la medicina tradicional china en particular y las terapias alternativas en general. Y desde luego, compensan por todo el mareo que he pasado aquí, la presión económica, las normas arbitrarias, el abuso de poder de algunos cargos, la superficialidad de este ambiente, las tristes despedidas de algunos compañeros que ya se fueron, y todo aquello de lo que prefiero no hablar, por aquello de la ley de la atracción.