miércoles, 8 de abril de 2009

LA VERDADERA SANACIÓN



Ocurrió hace unos cuantos cruceros, mientras recorríamos las islas vírgenes caribeñas. La mujer llegó por insistencia de su marido, el cual se estaba tratando su ciática conmigo. El problema de ella era de otra índole: había perdido a su único hijo, de 40 años, unos meses atrás y el marido pensó que la Acupuntura podría ayudarla a superar la pena. Yo, por supuesto, la animé a hacerse un tratamiento, y le hablé de Gwyneth Paltrow, la cual declaró en una entrevista que había superado la muerte de su padre gracias a la Acupuntura y que incluso había encontrado el amor verdadero. A la señora poco le importó la anécdota, pero estaba dispuesta a provar para dejar de sentirse tan desesperadamente triste y enfadada con el mundo.

Decidí combinar Acupuntura y Reiki, en este orden. Esta opción no está en el menú de nuestro AquaSpa, pero a estas alturas hago un poco lo que me da la gana: tanta formalidad y protocolo han agotado mi paciencia.

Al finalizar la primera visita la señora me dijo que se sentía más relajada, y cuando volvió a por la siguiente, comentó que se había sentido mucho mejor, que había vuelto a ser “ella misma” y que no había peleado casi con su marido. Así que insistí con la combinación de terapias, y fue en esta segunda sesión donde se produjo la verdadera sanación. Después de las agujas, cuando tenía mis manos por encima de su chakra del corazón, noté que la mujer sollozaba, que las lágrimas se le escurrían por los lados de la cara, y entre hipos me dijo “oh, Dios mío, está en un lugar muy feliz”. Sorprendida, le pregunté si había tenido una visión, y siguió diciendo: “está en un lugar muy feliz, me ha dicho que deje de llorar porque nunca he estado guapa llorando, que me echa de menos pero que está feliz”. Los sollozos aumentaron y la mujer continuó diciendo: “oh, Dios mío, muchas gracias, eres un ángel de Dios, muchas gracias”. Continuó dándome las gracias y llorando durante un rato, hasta que se calmó y terminé de hacerle Reiki. Antes de irse, me abrazó y me agradeció de nuevo. Cuando volvió a por la tercera sesión, se veía distinta. De algún modo estaba más seria. Las dos primeras veces que vino tenía la alegría exagerada de la gente que sufre mucho. En la tercera visita estaba más serena. Durante la sesión no aconteció nada especial, pero cuando se fue, me abrazó de nuevo y me dijo que la había ayudado enormemente.

A algunos les podrá parecer esta historia poco más que anecdótica y sensiblera. A mí me conmovió profundamente. Y me recordó que, en realidad, nunca tuve un interés especial por la medicina sino por la sanación, ya que lo que está detrás, en último término, de mi fascinación por las terapias naturales es la magia de redimir el sufrimiento del alma a través del cuerpo.

Por esas fechas recibí el boletín mensual del departamento de Medicina China de la empresa para la que trabajo, en el cual sólo se habla de quién ha hecho más dinero en qué barco, de que los que no se superan (económicamente) son unos mediocres, donde se nos dan consejos sobre cómo mejorar los ingresos y cómo convencer a más gente para que vengan
a hacerse acupuntura, pero donde no se menciona nada sobre medicina China o sanación. No pude reprimir el impulso de enviarles un mail “disculpándome” por mis dificultades en los cruceros del Caribe (en que el negocio cayó en picado para mí), y contarles la historia de esta mujer, como contraste a todos los artículos que se publican en este boletín, en que sólo se habla de dinero. Escribí el mail en un tono sarcástico, pero creo que no lo percibieron, y por supuesto no me contestaron. Aún así, yo me quedé muy, muy ancha.