miércoles, 19 de diciembre de 2012

Barritas de azufre: ¿ciencia o mito?

Frente a la constante afluencia de espaldas contracturadas en mi consulta, y con el ánimo de ampliar el espectro de posibilidades terapéuticas a ofrecer ante este común malestar, investigué sobre las barritas de azufre, de las cuales había oído hablar hace tiempo, pero nunca experimentado, y encontré toda una polémica al respecto, además de un extraño vacío de información.


Pues ni siquiera Wikipedia se pronuncia al respecto, y en el directorio virtual anglosajón no se encuentran resultados, será quizás porque es un remedio más tradicional de los países latinoamericanos que no de los países nórdicos y sus colonias.

El caso es que las barritas de azufre han sido usadas desde hace más de un siglo en América del Sur para aliviar dolores o, como ellos dicen, el "aire" en el cuello y en la espalda. Por los comentarios que se pueden leer en diversos foros de salud natural, parece ser que es habitual encontrar en el botiquín de cualquier casa argentina una caja con barritas a las que echan mano en caso de migrañas, lumbalgias, latigazos cervicales y otras dolencias de este tipo. La aplicación es sencilla, basta con hacer rodar la barrita sobre la piel, en la zona adolorida, hasta que se escucha un pequeño chasquido y la barra se quiebra, partiéndose en dos, lo cual indica que el "aire" ha sido expulsado.

Los participantes más formales de estos foros afirman que el azufre tiene la propiedad de actuar en el campo electromagnético que emana del músculo contracturado, absorbiendo la electricidad estática del mismo, y provocando la ruptura de la barra a la vez que un alivio inmediato. Los más holísticos nos recomiendan las barritas para limpiar el aura y los chakras. Y aquellos que han experimentado esta sencilla terapia en sus carnes no cesan de loar sus bendiciones.

Sin embargo también hay un sector de escépticos que niegan cualquier efecto terapéutico del azufre en barra sobre los músculos contracturados, asegurando que el efecto es totalmente psicológico, pues el chasquido provoca una sensación "liberadora", y este está provocado por el calor que emana del cuerpo, que crea tensión en los poros internos de las barras, produciendo su ruptura.

Más aún, he encontrado algún profesor de ciencias que pone el grito en el cielo y tacha de ignorantes a los defensores de las barrita, sin aportar, sin embargo, ningún argumento al respecto para justificar su crítica.

Lo cierto es que el azufre es una substancia históricamente presente en el mundo de la sanación, no olvidemos que era uno de los tres elementos de la Alquimia (junto con el mercurio y la sal) representando el fuego. Actualmente se utiliza como oligoelemento para procesos de detoxificación (sobretodo hepática), trastornos pulmonares y condiciones osteo-articulares. En esta última esfera también podemos encontrar el azufre en suplementos de ingesta interna así como de uso tópico dentro de la popular combinación MSM (S de azufre) indicada para artritis, artrosis y reuma.

Por todo ello, consideré que valía la pena probar las barritas, a pesar de las críticas en contra, y la verdad es que la barrita se partió encima de la contractura, y  mi clienta salió de la consulta muy aliviada.

Así que, a pesar de no haber encontrado argumentos sólidos científicos que defiendan la efectividad de las barras de azufre, mi incipiente experiencia clínica y la de gran cantidad de participantes de los foros le dan a esta terapéutica una solidez empírica que me inspira mucha confianza y me anima a seguir usándola.

Pues, como se suele decir, la mejor medicina es aquella que funciona, ciencias aparte.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Tisanas, calentitas y sanas


(artículo de Diciembre para El Diari de la Barceloneta)

Cuenta la leyenda que un antiguo emperador chino se encontraba bebiendo en su jardín una taza de agua caliente para mejorar su digestión, cuando el viento arrojó en su cuenco unas hojas de té de una planta cercana. El emperador, seducido por el  exquisito aroma que emanaba de la taza, bebió su contenido y descubrió, sin proponérselo, el arte de la infusión.

Aunque quizás los habitantes de la India también podrían reclamar la patente de este invento, así como los aborígenes australianos, los indios americanos y otras civilizaciones ancestrales, pues está bien arraigado en esas culturas el saludable hábito de beber agua caliente con plantas medicinales.

En Occidente, el té de las cinco fue una de las importaciones de Inglaterra en sus andanzas coloniales por China, aunque anteriormente, las “brujas” europeas de la Edad Media ya eran duchas en decocciones de plantas para usos medicinales y supuestamente satánicos.

De cualquier modo, no es de extrañar que las tisanas nos hayan acompañado a través de la historia, pues sus beneficios son múltiples y comprobados.

El mayor provecho que nos otorgan es la acción medicinal de las plantas. En nuestros supermercados y bares es fácil encontrar Manzanilla, calmante y digestiva,  Menta-Poleo, digestiva y tonificante, o  Tila,  sedante. Sin embargo las opciones son infinitas. Desde la Regaliz, digestiva,  hasta la Melisa, ideal para dolores menstruales, pasando por el Eucalipto, expectorante, el Diente de León, depurativo, el Espino Blanco, cardiotónico, y un largo etcétera, el reino vegetal tiene para todos los gustos. La mayoría de estas plantas contienen aceites que se evaporan en contacto con el aire. A ello se debe la costumbre de servir las tisanas cubiertas con un plato, para conservar las propiedades concentradas en los aceites. Y no olvidemos que los duendes de las plantas suelen confabularse entre ellos, por lo que las hierbas mezcladas no sólo aportan más propiedades sino que se potencian unas a otras.

Por otro lado, el mero hecho de beber agua caliente ya tiene efecto digestivo (como bien sabía nuestro emperador chino), pues prepara al estómago para recibir los alimentos. Es costumbre en oriente empezar cada comida con un vaso de humeante agua, incluso en verano, aunque para nosotros sea inconcebible, acostumbrados como estamos a refrescarnos con bebidas muy frías. Sin embargo, cabe comparar quién tiene la barriga más hinchada, si un americano o un chino. Además, el agua caliente activa el metabolismo, asegurando el buen funcionamiento del organismo.

Y qué decir de esa sensación de calidez y confort, sobretodo en las estaciones de frío, al agarrarnos con las dos manos a una humeante y calentita taza, y permitir que sus aromas se nos cuelen primero por la nariz y luego por la boca, devolviéndonos el alma al cuerpo.

Me diréis que esto también lo hace el café, pero yo os diré que las infusiones de hierbas no atacan a los nervios, no crean adicción, y no producen úlceras como el café, bien al contrario, nos dan consuelo y nos curan los males.