domingo, 25 de septiembre de 2016

LA CURA DE LA UVA

La entrada del otoño, en su caer de hojas secas, nos ofrece la oportunidad de dejar ir, limpiarnos y regenerarnos, siendo un momento ideal para una depuración. Y qué mejor instrumento que uno de sus frutos, manjar de dioses, la uva. Baco y Dionisio  ya conocían sus propiedades y no dudaban en beneficiarse de ellas, no sólo bebiendo su fermentación, sino usando la fruta fresca como medicina y cosmético.


La uva

Originaria de Europa y de Oriente Medio, la Vitis vinifera o vid se cultiva ampliamente tanto para la producción de vino, como para la venta de su fruta como comestible. Esta es muy apreciada en el marco de la salud por su composición rica en vitamina C (de efecto antioxidante y anti-edad), vitaminas del complejo B, y vitaminas A K D y E. Contiene un 80% de agua, fibra, hidratos de carbono, taninos (anti-bacterianos), proteína y fructosa. También potasio, el cual regula la hipertensión, contrarrestando al sodio. Es además rica en luteína, zeaxantina y betacarotenos, por lo que mejora la vista, hierro, que refuerza el sistema inmune, fósforo, que combate el cansancio y la fatiga, y calcio, que previene la osteoporosis y los calambres musculares.

Los bioflavonoides en la piel de la uva, además de ejercer una acción antioxidante, eleva los niveles de HDL o colesterol bueno. En la uva negra encontramos también resveratrol, un flavonoide que protege las paredes de los vasos sanguíneos, previniendo problemas cardio-circulatorios.

En sus semillas encontramos ácido linoléico, un ácido graso esencial que refuerza el folículo piloso en el cuero cabelludo y aumenta la protección de la barrera cutánea, de ahí su uso en cosmética como aliado de la piel y el cabello. Las semillas son, además, ricas en vitamina E, potente antioxidante.

Esta fruta potencia también la salud del hígado, combate el estrés, tiene efecto laxante y goza de gran reputación en la prevención del cáncer, pues tiene efecto alcalinizante, ayuda a depurar la sangre y puede inhibir el crecimiento de células cancerosas.

Los diabéticos y propensos a cálculos renales deben consumirla con moderación por su considerable contenido en hidratos de carbono (azúcares) y calcio.

Las monodietas

Este coctail de virtudes hace de la uva un excelente medio de detoxificación. Sin embargo, el secreto de la cura está en la monodieta, la cual consiste en comer un solo alimento durante uno o varios días, que generalmente se hace con frutas, verduras o cereales como la piña, la manzana, el arroz integral o, en este caso, la uva. Esta limitación de la ingesta diaria promueve la autofagia de nuestras células, en que ellas mismas atrapan y expulsas residuos nocivos de su interior, promoviendo su buen funcionamiento y regeneración. Al mismo tiempo, el hecho de simplificar a tal punto la alimentación durante un corto periodo de tiempo, permite al organismo no sólo librarse de cúmulos y depósitos, sino además invertir la energía ahorrada (la digestión compleja cotidiana es un considerable esfuerzo para el organismo) en regenerar los otros órganos y darle un descanso al hígado. Todo ello resulta en un efecto regenerante y rejuvenecedor del organismo.

Las monodietas suelen realizarse en periodos de 3 días, pues son 72 horas las que necesitan las células de la flora intestinal para renovarse completamente. Sin embargo, un mantenimiento de un día por semana es aconsejable, sobretodo en dietas de adelgazamiento y revitalización. O la monodieta durante una comida al día, varios días a la semana (por ejemplo, desayunar manzanas). También son habituales los programas de 21 días, reservados para aquellos con experiencia en este tipo de procesos.

La cura de la uva

Cuando hablamos de 3 días de cura, en realidad debemos contar toda una semana, pues necesitaremos dos días de preparación y dos días de retorno a la normalidad. Esto es muy importante para evitar reacciones indeseadas.  Así, entre dos y cinco días antes de la cura deberemos eliminar progresivamente los productos de origen animal (carne, pescado, huevos, lácteos), los productos que contienen gluten (pan, pasta, harinas) el tabaco, el café, el alcohol, el azúcar y sobretodo los alimentos refinados, procesados y precocinados. Por lo tanto limitaremos la alimentación a frutas, verduras, legumbres, cereales enteros sin gluten (arroz, mijo, maíz, trigo sarraceno) y algas si se desea. Durante este periodo elegiremos las uvas a utilizar, se recomienda incluir variedad para beneficiarse de los distintos nutrientes, aunque no se deberán mezclar las variedades dentro de una misma comida. Por supuesto, debemos elegir uvas de cultura ecológica, para evitar tóxicos que arruinarían nuestra detoxificación

Durante los tres días de la cura propiamente dicha, empezaremos la jornada con una infusión de plantas o zumo caliente de limón. Se deben realizar entre tres y cinco comidas de uva al día, y evitar picar entre horas. Lo mejor es hacer una comida cada cuatro horas y beber zumo de uvas y/o infusiones en los intervalos. La cantidad de uva es ilimitada, aunque suele oscilar entre un y tres kilos al día. 

Es importante comer la piel así como las pepitas, para beneficiarse de los nutrientes que contienen, descritos más arriba. Y, por supuesto, realizar una buena masticación, evitando tragar directamente, pues ello puede acarrear molestias digestivas. 

Tras los 3 días, debemos retomar la alimentación progresivamente, introduciendo frutas, verduras, cereales y legumbres progresivamente y en este orden. Se desaconseja hacer demasiadas mezclas de alimentos en estos dos días de recuperación, es decir, comer sólo uno de ellos en cada comida, para permitir al sistema digestivo habituarse de nuevo.

Debemos también aprovechar este momento de "semiayuno" para reflexionar acerca de nuestros hábitos, de nuestro apego a ciertos alimentos, y de la conveniencia de mantener el sistema digestivo limpio y ligero, para poder disfrutar de un cuerpo sano y lleno de energía, que garantice nuestra vitalidad.



sábado, 10 de septiembre de 2016

¿Se puede cocinar con aceite de colza?

Treinta años después del escándalo que conmocionó España, y cuando comienza a verse restaurada su reputación como producto alimenticio, siguen existiendo desacuerdos respecto al uso y consumo de este aceite.


La Brassica napus  y la Brassica rapa son las dos plantas de las que se extrae lo que conocemos comúnmente como aceite de colza. Son originarias de la India y se cultivan en Europa a partir del siglo XX. De gran contenido en ácido erúcico, este aceite es perjudicial para la salud, por lo que la principal aplicación es la industria no alimentaria, como aceite industrial o en confección de jabones. No obstante, desde los 70 se cultiva una variedad creada en Canadá, la canola, cuyo aceite es admitido de grado alimenticio, pues contiene tan solo un 2% de ácido erúcico, mientras que su versión industrial contendría un 50%.

En Canadá se consume tradicionalmente a gran escala y en Europa del norte es muy popular. Por contra, en la península ibérica quedó satanizado en los años ochenta, por lo que yo nunca lo había probado. Pero mi nueva colega dietista Aline Gutfreund, con quien intercambio terapias, me lo recomienda dentro de un plan dietético personalizado y yo, que además de naturópata soy muy curiosa, no puedo menos que probarlo e informarme sobre el tema.

La versión oficial respecto a la intoxicación en España por el aceite de colza en 1981, y que afectó a unas 200.000 personas, nos explica que fue a causa de su manipulación como grasa industrial y venta ilegal en mercados populares como aceite para el consumo humano. Sin embargo, diversas fuentes nos hablan de otras causas mucho más oscuras, implicando experimentación irregular de armamento químico por parte del ejército español, que envenenó varias plantaciones de tomates en el centro de la península, el consumo de los cuales sería responsable de las 700 víctimas. En cualquier caso, nunca fue el consumo del aceite de colza de uso alimenticio legal la causa de la epidemia, aunque su reputación sufrió grandes daños y hasta la fecha su nombre evoca imágenes de moribundos en la televisión, a pesar de sus múltiples beneficios.


En efecto, está probado que es rico en ácidos grasos moninsaturados (un 65%) y poliinsaturados (un 26%)  y es una de las grasas vegetales con más bajo contenido en ácidos grasos saturados, aquellos que nos causan daño (un 7%). El 10% de sus grasas son Omega 3 (10 veces más que el aceite de oliva, el cual es más rico en Omega 6) y junto al pescado azul, es uno de los alimentos con mayor aporte en ácido alfa-linolénico. Recordemos que este ácido graso, dentro del grupo de los Omega 3, está directamente implicado en la protección cardiovascular y el buen funcionamiento cerebral. En general, se recomienda el doble de consumo de Omega 6 con respecto al Omega 3 para que su relación sea de 2:1. Por lo que dado el consumo generalizado de aceite de oliva en la dieta mediterránea, es conveniente la combinación de éste con un aceite como el de colza. Por otra parte los ácidos grasos esenciales son substancias que el organismo no puede producir a partir de otros nutrientes, razón de más para que estén presentes en el menú.

El aceite de colza es, además, muy rico en Vitamina E, un gran antioxidante, aunque no contiene minerales.

Hasta ahí todo el mundo parece estar de acuerdo, sin embargo, en lo que respecta a su relación con el calor, existen grandes discrepancias.  Algunos aseguran que en frituras produce olores desagradables, y que su elevado contenido en ácidos grasos poliinsaturados lo hace muy sensibles a la oxidación, por tanto no apto para cocinar. En contraposición hay quienes afirman que su alto punto de humo o combustión (230ºC) le permite ser usado en frituras y cocción a altas temperaturas sin perder sus nutrientes. Aline es de la opinión que no debe calentarse, pero aunque su criterio me inspira gran confianza, a mí se me queda la duda. Me pregunto si todos hablamos del mismo aceite de colza, virgen, de primera presión en frío, y sin extracción con solventes. Pues encontramos en el mercado opciones de peor calidad que, desde luego no son aconsejables ni en caliente ni en frío. Es por ello que, como siempre, debe leerse el etiquetado para asegurarse que compramos un buen producto, no optar por lo más barato (recordemos que es mejor comer menos pero de calidad) y, a ser posible, elegir Bio.

Dejo la questión en el aire e invito quienes quieran aportar información (mejor si es documentada) que esclarezca el tema. De mientras, sigo aliñando mis ensaladas, tostadas, y bocadillos con este delicioso aceite tan injustamente juzgado.