domingo, 26 de febrero de 2017

Flores de Bach y Nutrición XV: Holly, yo también quiero.

Es evidente que la alimentación, al margen de su función principal que es la de nutrirnos, es un instrumento de múltiples usos, entre ellos como facilitador social en eventos varios, como instrumento de consuelo para emociones diversas, o, según la sabiduría popular, como atajo hacia el corazón del ser amado. Es por ello que en estados Holly, en que intensos sentimientos de ira, rabia o envidia, nos invaden, la comida puede convertirse en una peligrosa arma de doble filo.


Por un lado, la envidia puede fácilmente llevarnos a desear la silueta de alguien con quien rivalizamos, por ejemplo, empujándonos a dietas peligrosas y ayunos drásticos, poniendo en jaque mate nuestra salud, además de nuestra dignidad. Un ataque de celos puede también llevarnos a copiar un estilo dietético que, aunque a otro pueda sentarle bien, no sea necesariamente aconsejable para nosotros o incluso inconveniente. Y en el peor de los casos, a copiar hábitos alimenticios nefastos como el consumo habitual de sodas u otros anti-alimentos por el estilo. En cualquier caso, compararnos con un prójimo al que envidiamos no debería ser en absoluto la motivación detrás de nuestras elecciones dietéticas.

Por otro lado, puesto que, a menudo, en este estado no conocemos o no comprendemos el orígen de los celos y el resentimiento, caemos en un desasosiego que pide a gritos una compensación, la cual es muy fácil encontrar en la comida. Así, en estados Acebo, podemos inconscientemente castigarnos comiendo, como venganza, chucherías, golosinas y otros alimentos que sabemos a ciencia cierta que no nos hacen bien.

En su estado positivo, Holly nos habla del amor universal el cual empieza, obligatoriamente, por uno mismo. Querer algo sólo porque otro lo tiene, o vengarse castigando el propio cuerpo, significa haber perdido el contacto con uno mismo. Cuando existe amor propio, uno no siente la necesidad ni cae en la tentación de valorarse en función de otra persona, por lo que la envidia no tiene cabida. El corazón tiene la capacidad de alegrarse de los éxitos ajenos, a pesar de los fracasos propios, si es que en una consciencia de amor existe tal cosa como el fracaso. Y lo que es más importante, amarse a uno mismo es, en primer lugar, cuidar la salud para lo que una alimentación equilibrada, libre de comida basura pase lo que pase, es condición "sine qua non".

Finalmente, y como todos sabemos, cocinar para uno mismo y para los demás es un acto creativo de generosidad y comunión, en el que el ingrediente indispensable no puede ser otro que el amor.

domingo, 19 de febrero de 2017

Cefalea vascular versus cefalea tensional

La neuralgia craneal o, más comunmente, dolor de cabeza, es un síntoma habitual que puede revelar numerosas patologías. Sin embargo, algunas personas cuentan con más tendencia que otros a la cefalea, de modo que circunstancias para otros anodinas (comida copiosa, cansancio, por ejemplo), constituyen un detonante para este malestar. En ocasiones se trata de un síntoma banal, pero en otras son la anunciación de una complicación más grave, por lo que es juicioso no ignorarlas. 


En efecto, distinguimos, a groso modo, dos tipos de cefalea:
  • la primaria, es la más frecuente y no es síntoma de otra condición de salud. Suele ser crónica y no va acompañada de otros síntomas (salvo los síntomas que integra la neuralgia). 
  • la secundaria, se deriva de otras causas, más aguda, menos frecuente, y asociada a otros síntomas. Puede ser de orígen yatrogénico (causada por medicamentos), consecuencia de infecciones o acompañar tumores.
Si sospechamos una cefalea secundaria, es muy conveniente consultar con su médico. En el caso de la cefalea primaria, la Naturopatía nos ofrece diversas soluciones.

Dentro de las cefaleas primarias, encontramos, a su vez, dos variedades que debemos diferenciar para poder aliviarlas convenientemente.

La cefalea vascular, o migraña, se trata de una predisposición constitucional y se da en dos fases: vasoconstricción y vasodilatación, las cuales se desarrollan en un período de entre 12 horas y 3 días como máximo. 
  • Orígen: suele ser provocada por cualquier perturbación del sistema neurovegetativo, de entrada inestable en estos individuos, aunque la infección por helibacter pilory puede también ser su orígen. De fuerte componente genético, es un malestar a menudo heredado.
  • Factores de riesgo: 
    • Fase menstrual de la mujer.
    • Fin de semana, pues se da una vasoconstricción durante la semana, a causa de la tensión nerviosa, y una vasodilatación el viernes a causa de la relajación, provocando migraña.
    • Post-coito, debido a que durante el sexo aumenta la tensión arterial, produciendo, de nuevo, una vasoconstricción, dándose una vasodilatación en la fase postorgásmica.
    • Alimentos: los sospechosos habituales, como el queso, el chocolate, los frutos secos y el alcohol, en particular el vino tinto pues su efecto histamínico provoca una respuesta exagerada de vasodilatación.
  • Signos y síntomas: se caracteriza por crisis intensas de dolor de cabeza, habitualmente unilaterales y a menudo en el lado izquierdo, que se localizan en la región temporal y orbitaria del cráneo. Se suelen acompañar de náuseas y vómitos a menudo biliares. Distinguimos distintos síntomas en cada fase:
    • 1a fase o vasoconstricción: es la fase más corta y se puede dar a cualquier hora del día. Se caracteriza por los "pródromos" constituidos por fotomas, fotopsias y hemianopsias (moscas, estrellas y reducción en el campo de visión, respectivamente), así como por los cambios de humor.
    • 2a fase o vasodilatación: es la fase larga, en que la pared arterial se dilata hasta el punto de producir un edema, el cual provoca un martilleo muy localizado en uno de los lados del cráneo. Otros síntomas como sonofobia, fotofobia, lagrimeo, náuseas, vómitos o parestesias (miembros dormidos) acompañan esta fase.
Para este tipo de cefalea, la medicina convencional o alopática propone un tratamiento preventivo y otro sintomático. El primero consiste principalmente en vasodilatadores (betabloquantes) para evitar la fase de vasoconstricción, y en medidas higiénicas, es decir, evitar los detonantes. El segunto consiste en la aplicación de frío local y la administración de vasoconstrictores, los cuales deben tomarse durante los pródromos para evitar la vasodilatación, estando contraindicados en caso de hipertensión arterial, angina de pecho o infarto de miocardio.

La Naturopatía, por su parte, recomienda, como medidas higiénicas, evitar alimentos conocidos que promueven la migraña en cada caso, así como los azúcares refinados, los aditivos, colorantes y conservantes, a menudo alergénicos. La cafeína es un hipertensor que puede desatar una primera fase de migraña, y el alcohol un vasodilatador que puede exacerbar la segunda. La carne roja es, asimismo, un excitante y por tanto, un detonante en potencia. Una mayor ingesta de agua nos asegura una más óptima eliminación de toxinas a menudo vinculadas con esta condición, y el aumento del consumo de fruta y verdura nos proporciona antioxidantes, así como fibra para mantener el intestino sano evitando de este modo una sobrecarga de toxinas en el organismo, provocadas por el estreñimiento o por la permeabilidad de sus paredes. El ejercicio aeróbico nos aporta una correcta oxigenación para mantener el estrés a raya, y unos hábitos de descanso que aseguren un sueño reparador disminuirán la tensión.

En cuanto a suplementación, nuestros aliados son:
  • El espino blanco (Catraegus oxicanta), el tanaceto (Tanacetum parthenium), el gingko bilova (Gingko bilova), el sello de oro (Hyrasis canadensis), o el cardo mariano (Silybum marianum) como principales exponentes de la fitoterapia;
  • Las vitaminas del grupo B, particularmente la B9, B2 y B6, y la vitamina C asociada a bioflavonoides;
  • El magnesio, cuya absorción se ve potenciada con la Vitamina B6;
  • 5HTP, precursor de la serotonina, pues la migraña se asocia a alteraciones en este neurotransmisor;
  • La Coenzima Q10;
  • Los Omega 3, pues el bajo consumo de estos ácidos grasos esenciales (EPA y DHA) se asocia a una mayor frecuencia de las crisis;
  • Probióticos, para asegurar una flora intestinal adecuada.
Por su parte la aromaterapia nos ofrece, entre sus múltiples aceites esenciales, el laurel (Laurus nobile), la menta (Menta x piperita), la albahaca (Ocimum basilicum), la gaultheria (Gaultheria procumbens), el ylang-ylang (Cananga odorata), entre otros, los cuales combinados y diluidos al 50% en un aceite vegetal como el aceite de almendras, pueden aplicarse en las sienes regularmente, para aliviar las crisis.

En cuanto a la cefalea tensional, se trata de un síndrome miotensivo (muscular), asociado a tensiones en el sistema nervioso que puedan producir contracturas musculares. Es, generalmente, de orígen psíquico y los factores de riesgo son, por tanto, psico-emocionales. En este caso la sintomatología es más simple, consistiendo básicamente en dolor constante, habitualmente en la región frontal del cráneo (aunque puede darse en otras zonas), que empeora con el movimiento de la cabeza y que no se acompaña de pródromos ni otros síntomas.

La medicina convencional propone analgésicos clásicos para sobrellevar los episodios de este tipo de cefalea, acompañados, a menudo, de relajantes musculares, cuando la contractura es la causa obvia.

La Naturopatía, por su lado, priorizará la gestión del estrés, pues suele ser la causa primordial, con terapéticas como por ejemplo las Flores de Bach, que se personalizan en cada caso. Como medidas higiénicas, recomendaremos calor local (esterillas, bolsas de agua caliente), masajes relajantes o duchas calientes o incluso sauna, para bajar la tensión. Los paseos al aire libre y el ejercicio suave ayudarán a liberar el estrés.

En el campo de la fitoterapia encontramos la pasiflora (Passiflora incarnata), la amapola (Papaver roheas), la valeriana (Valeriana officinalis) o la verbena (Verbena officinalis). La suplementación con un combinado de calcio y magnesio, restablecerá el equilibrio de los músculos. Por su parte, en el campo de la aromaterapia encontramos aceites esenciales calmantes y relajantes como la lavanda (Lavandula Vera) la manzanilla (Chamaemelum nobile), el petit-grain (Citrus Aurantium fe) o la mandarina (Citrus reticulata), que se pueden usar puros (en muy pequeñas cantidades, es decir, gotas) sobre la zona dolorosa, aunque es mucho más agradable (y sinérgico, pues se combina el calor, con el tacto, con las propiedades de los aceites) en masaje, para lo cual los diluiremos en un aceite vegetal. 





domingo, 12 de febrero de 2017

Diferentes tipos de lavanda en aromaterapia

Abanderado de la aromaterapia, el aceite esencial de lavanda es el más versatil y conocido, dentro del numeroso conjunto de posibilidades que esta terapéutica nos ofrece. Sin embargo, en la familia de las lavándulas, encontramos distintas variedades con sus diferentes matices, cuya diferenciación nos permitirán afinar y personalizar nuestra fragante receta, para un resultado más acertado.


A la lavanda se debe el redescubrimiento de las propiedades terapéuticas de las esencias de las plantas aromáticas, pues fue dentro de un tarro lleno de este aceite esencial que el químico francés René Gattefossé metió, por reflejo, su mano accidentalmente quemada, dándose por resultado, para su asombro la pronta citatrización de la piel. Esto le incitó a estudiar estas esencias y a acuñar el término Aromaterapia, dando paso a una prolífera ciencia.

Auctóctona del mediterráneo, los romanos introdujeron la lavanda en el Reino Unido como en los países del norte de Europa. Su compleja composición le otorga una versatilidad aparentemente contradictoria, por lo que decimos que, ante todo, es equilibrante. Su acción antiséptica, calmante, regeneradora, cicatrizante y antiálgica es emblemática. Cultivada a grandes altitudes, es más rica en estéres por lo que sus propiedades se acentúan. La de mejor calidad se cultiva a no menos de 700m y hasta 1400m de altitud. Es muy segura para su uso directo sobre la piel, aunque, usada durante largos periodos (meses) puede ser alergenizante, creando una intolerancia de por vida. Combina bien con muchos otros aceites, pero sobretodo con los florales y los cítricos, recordemos que en aromaterapia, como en fitoterapia, la sinergia de diferentes plantas potencia la acción de cada una, por lo que preferimos siempre combinar nuestros aceites.



Partiendo de estas propiedades comunes en todas las variedades de lavanda, podemos diferenciar acciones más específicas de cada una de las variedades que más comúnmente se utilizan en aromaterapia:

  • Lavandula angustifolia ssp. angustifolia, o Lavanda fina. Específica del sistema nervioso, es por lo tanto la preferida en casos de estrés, ansiedad, depresión, insomnio (nervioso), y en problemas de orígen nervioso como asma, espasmos digestivos, nauseas, migrañas, arritmias, entre otros. Puede aplicarse pura en masaje sobre el plexo solar. Antiséptica y cicatrizante como sus primas, pero en menor medida. Ideal para masaje relajante. Es la lavanda macho y puede producir un efecto tóxico si se utilizan más de 20 gotas al día.
  • Lavandula latifolia cineolifera spica, o Lavanda salvaje. Destaca por su acción anti-tóxica, bactericida y anti-vírica. La usamos en picadas de mosquitos y animales venenosos (en viaje a países exóticos, por ejemplo), en acné seborreico, quemaduras severa y micosis. Muy cicatrizante y regeneradora, ideal para restaurar la piel. Es la lavanda hembra. 
  • Lavandula x burnatii clone Reydovan, Super, o Lavandín. Descontracturante muscular y con mayor efecto analgésico que las otras, lo que la hace ideal para masaje, cuando hay contracturas. También para casos de insomnio con tensión muscular. Y en caso de piojos y pulgas, combinada con el aceite de árbol del té. Es la lavanda híbrida, producto del cruce (de la mano del hombre) entre la lavanda fina (macho) y la lavanda salvaje (hembra).
  • Lavandula stoechade, o Lavanda francesa, menos conocida, pero con un potente efecto mucolítico por lo que se usa para problemas crónicos sobretodo de la esfera ORL, cuando otros aceites no funcionan.

domingo, 5 de febrero de 2017

Consejos dietéticos generales

Con motivo de una demanda de consejo dietético por parte de alguien a quien aprecio mucho, pero que vive demasiado lejos como para pasarle consulta en persona, me dispongo a poner en orden y sintetizar una serie de recomendaciones generales que mi formación como naturópata, pero sobretodo mi experiencia en consulta, me han enseñado. 


No es fácil, pues el tema de la alimentación es muy personal e intrínsicamente ligado al plano emocional, sin hablar de la diversidad de corrientes dietéticas entre las que elegir, por lo que dar directrices válidas para todo el conjunto de la humanidad, no es muy realista. Sin embargo, considero que hay una serie de normas aplicables, en general, a todo el mundo y que pueden ayudarnos a identificar nuestras necesidades y, eventualmente, trazar un plan. El resultado, sin embargo, dependerá de diversas variables. Vamos allà.

Toma de conciencia
Para empezar, en un mundo ideal, antes de cambiar nada, deberíamos pasar una semana apuntando diariamente en un cuaderno y con total honestidad, todo lo que comemos y a qué hora. Pues he podido observar que tenemos muy poca consciencia de nuestros hábitos y pecados alimenticios. La prueba es que en la primera consulta, ante la pregunta de "¿qué come usted habitualmente?" he obtenido a menudo como respuesta "ensalada y pescado a la plancha". Por contra, si les pregunto "¿qué comió usted ayer durante todo el día?" me van a contar, invariablemente, que ayer fue un día especial en que quedó con una amiga y se comió un frankfurt con ketchup y mostaza acompañado de patatas fritas con mayonesa, o que ayer fue el cumpleaños de su hijo y, claro, tuvo que comer pastel, y otros relatos de este tipo. Me sé incluso de una (a quien adoro) que cada vez que voy a verla tiene en la mesa de la cocina un paquetito de pastas dulces, y cada vez me jura y perjura que lo ha comprado porque venía yo, sólo que el paquetito ya está empezado cuando yo llego, y luego me dice lo de que "yo no se por qué me engordo, ¡si no como nada!". Si realmente es el caso, que la persona come pescado a la plancha y ensalada únicamente cada día, y padece de sobrepeso, debería consultar un endocrino, porque algo anda mal en su metabolismo. Pero no es el caso normalmente, lo que sucede es que lejos quedaron los días en que el pastel se reservaba para el domingo, y las comidas copiosas para Navidad. Vivimos en una era en que la comida es barata y accesible y, quizás todavía traumatizados por la hambruna de la post-guerra (que, a ver si lo superamos algún día), o porque somos animales de acérrimas costumbes, o porque nuestra imperiosa necesidad de identificarnos con un grupo nos hace claudicar frente a los usos alimenticios a menudo malsanos de nuestra cultura, la cuestión es que no perdonamos ocasión de picar, tapear, celebrar, y "guarrear" en general. Y el problema es que no nos damos cuenta, por lo que anotar todo lo que comemos es un primer paso imprescindible para un nuevo comienzo. El riesgo es que cuando observamos, la realidad se transforma, y puede que esa semana, a causa de la nueva consciencia, no nos permitamos tantos caprichos como de costumbre. Además, a nadie le gusta pagar a una dietista para que le diga que apunte lo que come en un cuaderno, pero estamos hablando de un mundo ideal.

Deshabituación
El segundo paso, una vez tenemos una lista realista de nuestro patrón dietético, sería eliminar durante la siguiente semana todo aquello que no sea "sano" dentro de esta lista y fuera de ella. Y por sano me refiero a alimentos verdaderos, por lo que quedan excluídos no sólo la "comida basura" (frankfurts, pizzas industriales, platos precocinados, etc.), y alimentos azucarados (no olvidemos que hasta el pan contiene azúcar), sino todo aquello que sabemos o intuímos, no es bueno para la salud. El problema aquí es que la publicidad engañosa de la que somos víctimas, en el perverso mercado de la alimentación, crea mucha confusión, pero en realidad es muy simple: si ha pasado por diversas máquinas, ha sido mezclado, contiene ingredientes innombrables, o está muy muy lejos de un producto que haya producido la naturaleza, es, en general, no muy recomendable. Esta etapa nos va a revelar una serie de adicciones que desconocíamos y ahí entramos en el terreno pantanoso de la relación entre la comida y las carencias afectivas, el estrés, el aburrimiento, la pena, la sensación de vacío y un largo etcétera responsable, en último término, de nuestras trasgresiones dietéticas. Por lo que, en este mundo ideal desde el que escribo, deberíamos antes de nada o, al menos, paralelamente a una dieta, tratar estos vínculos afectivos con la comida. Para ello, yo he trabajado a menudo con las flores de Bach, pero otras terapéuticas como la homeopatía, la hipnosis o, por qué no, la psicoterapia, son altamente recomendables, según el grado de sufrimiento que experimentemos cuando eliminamos porquerías de nuestro menú.

Ejercicio físico
Tercera fase, y ahí a menudo me enfrento con un gigante inamobible: "¿está usted dispuesto/a a hacer ejercicio?". O no se tiene tiempo, o no se tienen ganas, o para eso vienen a hacer dieta, para no tener que ir al gimnasio. Veamos, yo no soy fan del recuento de calorías quemadas ni promuevo la adhesión sistemática a un club deportivo, pero es imprescindible moverse para activar el metabolismo. Me baso, cuando digo esto, en la teoría de la medicina tradicional china en que el principal órgano de la digestión es el bazo-páncreas, el cual se asocia a la musculatura y a las extremidades, por lo que cuando hacemos ejercicio, moviendo brazos y piernas, estamos favoreciendo la digestión y la correcta metabolización de los alimentos. No en vano la sabiduría popular china dice que hay que dar "cien pasos después de comer". Además, con la vasta gama de posibilidades de ejercicio que tenemos al alcance, zumba, tai chi, paseos organizados, rutas en grupo en patines o en bici, aquagym para la tercera edad, entre muchas otras opciones, generalmente a precios asequibles o incluso gratis, no tenemos excusa. Simplemente hay que motivarse para levantar el trasero del sillón, y si no lo conseguimos es que no hemos trabajado suficientemente la segunda fase, la de las emociones. No hace falta añadir que el ejercicio mejora el estado de ánimo, por lo que, en realidad, esta fase y la anterior, se retroalimentan.

Comer bien
Llegados a este punto, habremos hecho ya bastante trabajo y ¡todavía no habremos empezado a hacer dieta! El caso es que, como naturópata, más que dietista, mi enfoque está en la salud, más allà del número de kilos que consigamos bajar. Y es ahí donde, personalemente, encuentro difícil trabajar el tema dietético pues, bajo mi punto de vista, el siguiente paso sería aprender a comer bien, y esto es lo que mucha gente no entiende. La gran mayoría de clientes que he tenido han venido a mi consulta para bajar peso, lo cual no tiene nada de malo, pero con la intención de sacrificarse durante un tiempo hasta poder calzarse el bikini o bañador, para volver a la "normalidad" después, y regresar a mi consulta la primavera siguiente para volver a empezar. Este hecho, recurrente, me ha producido tal frustración que he terminado por no proponer la consulta dietética en mi menú de servicios. Considero que mi función, en tanto que profesional de la salud, es de promover un estilo de vida saludable; planes deitéticos rápidos para entrar en el bikini deseado se pueden encontrar a porrillo en revistas femeninas. Hablo en femenino pero este planteamiento lo he visto tanto en mujeres como en hombres.

Pero, volviendo al mundo ideal que me gusta proyectar, el cuarto paso, como digo, sería aprender a comer bien. Esto tiene muchas lecturas, pues cada corriente dietética de las muchísimas que existen en este mundo, (desde la macrobiótica a la dieta paleo pasando por la atkins, la montagnard, la anti-dieta y otras muchas) promete la felicidad absoluta y cuenta con un club de fans que ofrece numerosos testimonios de su eficacia. Es difícil elegir, y cada terapeuta usará aquella en la que crea. Yo, personalmente, he trabajado casi siempre con la dieta disociada, combinada con la teoría del grupo sanguíneo (cuando lo conocíamos), y he obtenido buenos resultados. La ventaja de la dieta disociada es que no es necesario contar calorías e incluye todos los grupos de alimentos, lo que posibilita una dieta variada y equilibrada. Consiste, básicamente, en aprender a diferenciar los carbohidratos (féculas, cereales) de las proteína (carne, pescado) y no mezclarlos en la misma comida, pudiendose combinar proteínas con verduras, o carbohidratos con verduras, pero no proteínas con carbohidratos. Además de hacer las cinco comidas diarias, no comer la fruta como postre y comer los lácteos separadamente.

Escuchar al cuerpo
Sin embargo, puesto que estamos en un maravilloso mundo ideal, lo que realmente deberíamos hacer, si queremos aprender a comer bien, es escuchar al cuerpo. Con esto me refiero a retomar el contacto con nuestro organismo y aprender a identificar aquellos alimentos que nos benefician, de los que no, así como nuestras necesidades alimenticias en los diferentes momentos del día, del mes (sobretodo las mujeres), del año e incluso de la vida, pues las necesidades en nuestra juventud no son las mismas que en la tercera edad, por lo que deberíamos adaptar nuestros hábitos a medida. Esto, que otrora fuera instintivo, ha quedado totalmente pervertido tanto por el engañoso bombardeo publicitario como por el voluminoso entresijo de información, a menudo dudosa, que podemos encontrar en la red, y que nos deja completamente confundidos y a merced de modas o, en el mejor de los casos, en manos de un bienintencionado profesional. Por supuesto que, como primer paso. cuando no tenemos ni idea, es siempre una buena idea consultar con un profesional que nos oriente, y/o inspirarnos en teorías dietéticas bien instauradas. Pero nuestro propio cuerpo debería ser el (y de hecho lo es) el dietista interno que nos diga qué debemos comer, pues todos somos distintos y únicos. A la frecuente pregunta de si un alimento determinado (el aguacate, por ejemplo) engorda, yo siempre respondo lo mismo: "el aguacate no engorda, el que engorda eres tú". La prueba feaciente es que todos conocemos a alguien que come como una lima, pasta, pizzas, o lo que sea, y está como un palillo. Es cuestión de metabolismo, y es por esto que es imprescindible prestar atención a nuestro ser, si es que conseguimos por un momento librarnos de los mecanismos de distracción masiva a los que estamos constantemente sometidos. Por fortuna, aunque no casualmente a mi parecer, emergen prácticas como el "mindfulness", consciencia del momento presente, que nos devuelven el contacto con el aquí y ahora, con nuestra respiración, con los latidos de nuestro corazón y, por qué no, con el efecto que nos ha causado la cena de anoche.

A parte de todo esto, hay otras normas generales, en sintonía con la naturaleza y los ciclos de la vida que son, sin duda, universales. Comer alimentos locales y de temporada, producidos con métodos naturales, no atiborrarse ni pasar hambre es de sentido común, lástima que este sea el menos común de los sentidos. Y, por encima de todo, desconfiar totalmente de cualquier plan dietético que venga dentro de un sobre o en forma de comprimidos milagrosos pues, aunque puedans ser temporalmente eficaces, sólo la naturaleza puede proveernos de lo que necesita nuestro cuerpo para guardar la línea a largo plazo y, lo que es más importante, gozar de salud y vitalidad.